8 de janeiro de 2014

Después del fin - capitulo primero






Prologo



Todo comenzó en una mañana de invierno, ya todo el mundo había visto actores bien caracterizados vagueando por las calles de Nueva York, así que cuando los enfermos empezaron a deambular por Trafalgar Square nadie les miró más que con curiosidad y diversión. No obstante, después de la primera víctima el pánico y el terror se instalaron en la capital y apenas tardó una semana a que la infección se volviese a escala mundial.

Se tomaron medidas de contención, empezaron las cuarentenas, se separaron familias, se desplegaron fuerzas militares, se utilizaron armas químicas y biológicas para exterminar los infectados y por fin, antes de que los gobiernos cayesen se recorrió a la última opción: se lanzaron bombas nucleares a las zonas más popularizadas. El miedo justificado y la precipitación apenas llevó al mundo a la casi extinción de la vida tal y como la conocíamos.

La infección fue erradicada casi por completo pero con ellos toda la vida animal y vegetal. Los niveles de radiación subieron tanto que aniquilaron a casi toda la populación. De los sobrevivientes más de 90% han mutado, escondiendo sus rostros deformados con mascaras y lienzos y son conocidos por Amorfos. Somos muy pocos los que nos que aguantamos los efectos letales de la radiación. Al principio tuvimos náuseas, vómitos, diarrea, fiebre elevada, hipotensión, desorientación, pero al cabo de muchos días todo empezó a mejorar y pudimos levantarnos para apenas constatar que la vida siempre encuentra una forma de proliferar.

Las mutaciones también atingieron los animales y las plantas que sobrevivieron, convirtiendo las ratas en caballos y caballos en monstruos.

Han pasado tres años, no hay bosques, solo hay polvo y agua negra. El mundo es un enorme desierto de muerte, desolación y pus.




Capitulo 1

Habla Benedict:

Después de años caminando con un grupo y los perdemos, el fin del mundo se vuelve un poco más insostenible. Caminé solo por la carretera con las botas llenas de polvo y la mochila pesada al hombro.

Podrían pasar días que no se veía a otra persona, o podríamos encontrar algún lugar habitado por algún grupo. Aunque eso nunca era bueno, no siempre las personas eran hospitalarias.

Me acerqué a un Motel, viejo de carretera, al principio pensé que estaría abandonado como tantos otros lugares por los que he pasado. Pensé que era un buen lugar para descansar y buscar mantenimientos. Pero la presencia de dos encapuchados armados delante de la entrada me hizo dudar.

Resolví pasar de largo, así que no me detuve.

—¡Hey!— Escuché una voz que obviamente se dirigía a mí. No me detuve, mi desconfianza ante desconocidos era justificada. Aceleré mis pasos regañándome a mí mismo por mi actitud de novato, debí haber sido mucho más cauteloso al acercarme al Motel. Me di cuenta que el extraño aceleraba sus pasos y avanzaba detrás de mí.

Me detuve y saqué el arma que llevaba en el cinturón antes de darme la vuelta y apuntarle al pecho.

—Un paso más y disparo.

—¡Hey!— Repitió esta vez poniendo las manos en alto.— ¡Espera! No dispares, soy mercader, cambio cosas.

—Sé lo que hacen los mercaderes.— Murmuré desconfiado.—¿Qué quieres?

—Vivo en el Motel… te vi pasar… eres el primer sano que veo en meses.— Dijo manteniendo las manos en el aire. Le observé con cautela, él también parecía uno de lo que había sobrevivido sin cicatrices a la radiación. No tenia rastro de mutaciones o desfigurado el rostro.— Solo quería saber si quieres cambiar algo.

—No.

—¿Vas viajando solo?— ¿Una pregunta con truco? Pensé.

—Si sigues preguntando te meteré una bala.— Advertí.

—Vale.— contestó bajando las manos pero yo le hice señal que las mantuviese en alto.

—¿Por qué me preguntas esas cosas?— Fruncí el ceño.

—Oye, no quiero hacerte nada. Si tuviese esa intensión alguno de esos ya te habría agujereado desde allí.— Señaló a los guardias charlando delante de la improvisada barricada de madera, rocas, hierro y alambre.— Somos gente pacífica, llevamos una vida tranquila. Quiero alquilarte una habitación por comida o pastillas para el dolor.

—¿Qué?

—La noche caerá enseguida, y venias buscando un lugar donde quedarte ¿no?— Dijo de forma suspicaz. Le miré un minuto más y después supe que no tenía sentido seguir apuntándole. Guardé el arma.

—¿Pastillas para el dolor?

—También acepto armas y alcohol.— Dijo de forma evasiva.

—No llevo nada de eso encima.— contesté sin pensar.

—¿Y que llevas encima?— El hombre iba vestido con unos pantalones vaqueros y una camisa castaña muy vieja, con algunos agujeros. Su cabello era negro con varios blancos sobresaliendo cerca de las orejas y sus ojos verdes y pequeños.

—¿No crees que preguntas demasiado?— Dudé entre volver a sacar el arma. El hombre se dio cuenta de mi impaciencia y dijo:

—Está bien, aceptaré lo que quieras cambiar.

—¿Cómo te llamas?— Pregunté sabiendo de sobre que no me daría su nombre verdadero.

—Zeldon. ¿Y tú?

—Me llamo Benedict. Bien, Zeldon, te daré dos latas de salmón y una de zanahorias por una noche, y no más.

—Está bien, nos vendrá muy bien. Hace mucho que no tenemos clientela y tampoco tenemos munición suficiente para adentrarnos en la ciudad. Creo que hemos agotado todas las granjas cercanas.— Me tendió la mano y yo la acepté con una mirada de desconfianza.

—Te prometeré una cosa, si intentáis algo, lo que sea, mataré a tantos de los tuyos como pueda.— Añadí con mi aprieto de mano.

El hombre asintió.

—No hará falta, no somos violentos. Por favor.— Le seguí hasta que pasamos por los guardias y entramos a la sala de la recepción del motel. Mantuve mi mano sobre la culata de mi pistola.

La antigua decoración del lugar parecía haber sido sustituida por cosas que encontraron en los alrededores, aparentemente este había sido saqueado mucho antes de que se instalasen en el esas personas.

Mi atención se vio comprometida cuando dos niños, calvos y delgados como dos cadáveres corrieron por el lugar, jugando a alguna cosa que debería ser muy divertida puesto que no dejaban de reírse.

Sus rostros estaban desfigurados haciéndoles parecerse más a monstruos de halloween que a humanos y aunque me quedé estático no fue por su apariencia. Esa ya la había visto de sobra en muchos sobrevivientes, lo que me asombró fue la presencia de niños.

Después del lanzamiento de las bombas no habían sobrevivido muchos niños, y los que lo lograron deberían hacer frente a la orfandad, a los violadores y locos, al hambre y al frio…

—¿Son tus hijos?— pregunté pensando que quizás este hombre fuese tremendamente afortunado por haber logrado mantener a su familia con vida.

—No.— Meneó la cabeza.— Pero ahora es como si lo fuesen. Algunos los encontré yo, otros los han traído, ahora hay que cuidarlos.— Se encogió de hombros. – No sé hasta cuándo podremos.

—Ya veo.— Posé mi mochila sobre la barra.— ¿Cuántos son?

—Diez.

—Está bien. Me quedaré una noche, te daré mitad de lo que traigo.— El hombre pareció conmoverse y se limpió el rostro con la manga de la camisa.

—Quédate el tiempo que quieras, nos vendría muy bien un par de brazos extra.

—Gracias, pero no.

—Ahí fuera es muy peligroso para un hombre solo. ¿Qué buscas?— preguntó confundido.

—Nada.— Contesté abriendo mi mochila y separando varias de las cosas que le había prometido. Le dejé varias latas de fruta y salchichas, pastillas que había encontrado y que estaba muy seguro de que eran anfetaminas. Daría igual, cuando el dolor aprieta cualquier cosa sirve.— Quédate todo esto.

—Está bien, acompáñame.— Zeldon siguió por el pasillo y yo me mantuve detrás de él hasta las traseras del motel.— Tú, no eres muy hablador, ¿verdad?

Mis ojos evaluaron el lugar con susceptibilidad, aun no confiaba totalmente en él.

—Lo he sido más.— contesté sin perder la concentración. Podía escuchar algunas voces en las habitaciones por donde pasábamos.

—Es difícil mantener una buena charla los días que corren…— abrió la puerta de una de las habitaciones y me hizo señal para que pasara.

El mobiliario no difería del resto del motel, cacharros viejos y rotos.

La cama apenas tenía una manta sobre el colchón. Había que verlo por el lado bueno, por lo menos tenía colchón…

Husmeé el resto de la habitación que tenía un baño, un agujero donde antes debió estar un inodoro que apestaba a orina y a heces. Aparté la cortina de la ducha apenas para constatar que la bañera estaba tan negra como el suelo y como era obvio no había agua. No había agua en ninguna parte a no ser en los ríos verdosos o los lagos cubiertos de pan de rana.

—Es perfecto.— Dije sin ánimo. Zeldon trató de entablar un poco mas de conversación pero le ignoré hasta que decidió que ya era una batalla perdida y se marchó.

Me senté sobre el colchón de la cama y aparté con un capirotazo una cucaracha de alas negras que voló y rebotó contra el suelo.

No tenía ganas de hablar con nadie ni de empezar nuevas amistades. Pasé mi mano larga por mi rostro cansado y suspiré. Hacia menos de un mes que había perdido a mi grupo. Viajé con ellos durante más de dos años, nos apoyamos, aprendimos cosas, ultrapasamos muchas dificultades, se convirtieron en mi segunda familia y de pronto los perdí a todos, de nuevo.

Nos habíamos instalado en una antigua zona de arbolado en la que ahora ya tan solo quedaban los troncos y las ramas secas que nos proporcionaban defensa. Teníamos tiendas de campaña y varias caravanas en las que nos cobijábamos por la noche. Pero no fue suficiente. Nos atacaron en medio de la noche

Siempre he tenido presente las dificultades de la vida, mis padres siempre me han hecho ver que todo se puede alcanzar pero también se puede perder, pero nunca pensé que la vida fuera tan dura.

Miré el suelo sucio bajo mis pies en un vano intento de alejar mis lágrimas. Lloré de nuevo la perdida de mis amigos.

Me acosté sobre la cama y cerré los ojos tratando de conciliar el sueño. No siempre era fácil, muchos recuerdos asaltaban mi mente incluso cuando dormía. Veía mis amigos en sueños, mi familia en mi casa, esperándome. Me despertaba desesperado con un nudo en la garganta y una rabia en el pecho por no poder cambiar el curso de los acontecimientos.

Todavía recordaba con claridad la tarde del bombardeo y esas eran imágenes que jamás olvidaré por mucho que viva.

Una semana antes se había decretado estado de alerta máxima en prácticamente todo el mundo. El virus seguía matando miles de personas, los aeropuertos estaban cerrados para impedir la expansión de la enfermedad, pero en mi profesión siempre se encuentra la forma de saltar una o dos normas.

Fui invitado a participar en una importante gala antiterrorismo en Nueva york, puesto que por todos lados se decía que el virus no era más que una guerra biológica empezada por algún país de medio oriente que aun no lo había reivindicado, y se nos pidió que calmáramos la populación con un evento.

Después de la gala, regresaba de mi viaje como planeado en un avión particular. Fuimos informados de un posible ataque y de que sería más seguro si aterrizábamos lo más rápido posible.

Abroché mi cinturón y esperé hasta llegar a tierra. En un momento creía que habíamos aterrizado y en el otro la tierra temblaba bajo el avión con tanta intensidad que parecía que sobrevolábamos con turbulencias. Me sujeté con fuerza pero el poderío de los temblores era tanto que el avión fue empujado varios metros.

Unos minutos después me levanté del suelo, mi cabeza me dolía y mis oídos pitaban, tenia momentos en que me pareció ver doble. Escuché gritos, los recuerdo con agonía, había personas heridas. Traté de salir del avión para pedir ayuda pero la puerta ofrecía alguna resistencia, la empujé como pude hasta que cedió.

La última cosa que recuerdo haber oído era que aterrizábamos de emergencia cerca de Madrid. En ese momento no supe decir si realmente era Madrid o no, la ciudad estaba en llamas y sonaban los bomberos. En ese momento no comprendí la magnitud de lo que había pasado.

Volví al avión para tratar de ayudar a mis conocidos heridos, traté de contactar desde la cabina de vuelvo. Cuanto entré los dos capitanes estaban muertos sin explicación. Aun así llamé por radio pero una hora después nadie había aparecido para ayudarnos y casi mitad de los que me acompañaban estaban muertos, ahogados en su propio vomito.

Empecé a sentir los mismos síntomas, tonturas, nauseas, dolores muy fuertes en mi abdomen que me hizo caer de rodillas y hacerme un ovillo en el suelo del avión.

No sé cuánto tiempo permanecí allí, pero cuando desperté entre delirios y alucinaciones, el olor a muerto llenaba todo el lugar y yo estaba tan sucio como era posible.

Me sentí muy débil, mis piernas casi no sostenían mi peso y tenía fiebre. Traté de limpiarme pero los vómitos parecían haber empeorado desde que me despertara, no sé si “vomitar las tripas” solo es un dicho pero los espasmos eran continuados y sin previsión de mejoría… y el dolor, el dolor fue lo más insoportable que jamás sentí.

En ese momento supe que moriría también, vi con claridad lo que pasaba, la radiación debería haber alcanzado un valor muy alto y era lo que nos afectaba. Lo que no entendí era porque no me moría de una vez como todos los demás y dejaba de retorcerme como un pez fuera del agua.

Después empecé a darme cuenta que debería marcharme de allí, los cuerpos estaban en avanzado estado de descomposición, deberían haber pasado ya varias semanas. Me invadió mucha rabia por no comprender porque nadie me había buscado, ¿por qué nadie iba a por mí?

Estaba solo, asustado y más enfermo de lo que creí capaz de estar nunca.

Sin embargo caminé hasta uno de los almacenes cerca del lugar donde habíamos aterrizado y me dejé caer allí sobre unas lonas. Mi cuerpo empezó a sorprenderme. Yo dormía más horas de las que tenía el día, adelgacé muchos kilos y yo nunca había sido un hombre gordo, antes por el contrario, mis últimos trabajos habían exigido bastante y yo me mantenía con 70 kilos, me di cuenta que estaba completamente calvo, pálido y sin nada que envidiar a un espectro.

Los momentos en que empecé a despertar con más frecuencia noté que el dolor abdominal había remitido y las nauseas no eran tan frecuentes. Me mantuve febril muchos más días pero aun así sentía que estaba mejorando y que quizás eso era mi oportunidad de volver a casa. Deseaba estrechar mi madre entre mis brazos y llorar como un niño abandonado, decirle lo mucho que había añorado sus cuidados.

Caminé mucho tiempo en dirección a la ciudad y todo lo que vi fue muerte, sufrimiento y enfermedad… solo entonces fui consciente de lo que se me venía encima.

Trague saliva.

En esos tres años viaje a Londres, recorrí el canal con un arma en la mano y buenos compañeros a mi espalda tan solo para certificarme de que no quedaba nada de lo que una vez fue mío.

“La humanidad resurgirá de sus cenizas”, decían muchos periodistas antes de ataque… que inocentes habían sido, si hubiesen sabido el verdadero significado de esa frase habrían tomado medidas…

¿Medidas? Pensé, aunque tampoco sabría decir qué clase de medidas se podrían haber tomado, nadie sabía que se podría sobrevivir a tales cantidades de radiación, es más, en todos los estudios hechos durante la segunda guerra mundial había quedado claro que era imposible. Sin embargo allí estaba yo.

Volví a centrarme en las “medidas”, era obvio que quien bombardeó el mundo, todos esos gobiernos, no pretendían morir. Esa idea había hecho eco en mi mente durante muchas semanas. Cabía la posibilidad de que esas personas se hubiesen refugiado en bunkers y que algunos de ellos fuesen esos quienes nos atacaron a mí y a mi grupo.

Quizás ellos tampoco contasen con las presencia de sobrevivientes…

Mi cerebro se rindió, cerré los ojos tratando de apartar todos esos pensamientos y caí en un sueño agitado.

Cuando desperté, la luz entraba por las rachas de la madera que bloqueaba la ventana de la habitación. Me levanté y comí de una de las latas que llevaba en la mochila. Salí de la habitación siendo atropellado por un grupo de niños que corrían por el pasillo. En otras circunstancias lo hubiese añorado, una vida normal pero ya nada era normal y nunca fui tan hipócrita como para pretender que lo era.

—¿Ya te marchas?— Zeldon se sentaba comiendo alguna clase de carne que asaba justo en medio de la casa.

—Ese era nuestro acuerdo.— Contesté.

—Vuelve cuando quieras, aquí tendrás amigos.— murmuró dejando el palo de la espetada sobre la barra.

—Gracias, pero debo volver.

—Buena suerte.— Me estrechó la mano y después volvió a ocuparse de la carne en el fuego.

Yo le di la espalda y salí de allí. Mis pies volvieron solos a la polvorienta carretera, caminando hasta que los cordones de mis botas se desabrocharon. Entonces seguí en dirección norte, subiendo una encuesta para ver bien el horizonte. Claro que, el horizonte también me vio a mí…

Trate de esconderme, correr, pero cuando la bestia que nos persigue mide mas de un metro y tiene dientes puntiagudos y largos como puñales no hay lugar en el mundo donde puedas meterte. Son rápidos, son algo como perros o lobos rabioso y mucho, mucho menos sociables.

Me alcanzó, pero no antes de que le disparase. Eso solo hizo que se enfureciese un poco más y me enfrentó con las mandíbulas listas para arrancarme un brazo de un bocado.

Mis piernas flaquearon y volví a dispararle acertándole de lleno en el pecho. El animal se abalanzó sobre mí con las garras bien puestas, largas como horquillas y me las clavó en el hombro antes de alejarse.

Gemí, el dolor me traspasaba el hombro y se extendía por el brazo y las costillas. No podía moverlo. Volví a gemir vi como la sangre empapaba mi chaqueta. Presioné la herida con la mano pero la sangre parecía escurrir por entre mis dedos. Me senté en el suelo sintiendo mucha dificultad en respirar y mucho frío.

Me recosté en la roca con el arma bien sujeta en la mano. Lo último que pensé fue en la forma irónica como el destino se burla de nosotros.





Continua...


27 comentários :

  1. Oh! Saito esto es maravilloso me encanto este primer capitulo estoy ansiosa por leer lo que sigue me quede muy intrigada con la historia muchas gracias por compartirla con nosotros.
    besos




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    1. hola yaya, me alegra que te haya gustado, yo estoy muy entusiasmado con esta idea del apocalipsis! espero que al final quede como tengo en mente, jajaja besitos

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  2. Solo puedo decir... lo mucho que me a gustado... por dios, me he quedado picada con el final... grandioso!! de verdad

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    1. Hola!! muchas gracias por pasarte por aqui y dejarun comentario!!!! espero que te siga gustando! besos

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  3. El nuevo banner me ha encantado y que decir de este primer capitulo...simplemente WOW me dejaste más que prendada :D

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    1. hola yari! muchas gracias!! espero que te siha gustando!!

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  4. Gracias por el prologo y el primer capitulo del libro me ha gustado mucho estoy deseando seguir leyendo los siguientes capitulos

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    1. muchas gracias a ti nuria! gracias por dejar tu opinion! besitos

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  5. Fina. esta muy interesante, gracias por compartir, besos

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    1. Hola fina!!! muchas gracias por estar ahi siempre y dejarme siempre comentarios!!! muchas gracias linda

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  6. Hola, Saito. Qué comienzo más impactante, me ha gustado muchísimo este primer capítulo. Creo que esta va a ser una de tus mejores novelas, sin duda. Y por cierto, me encanta la nueva cabecera del blog. Besoss.

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    1. =o tu crees minu??? lo malo de mis novelas es que siempre son los mismos protas, jajjajaja pero enfin me da igual 😒 te amodoro mucho, gracias por el comentario

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  7. Hola, Sai. Me ha impresionado este primer capítulo, el mundo que presentas es escalofriante y cruel, pero con algún vestigio de bondad en él, creo que eso hace que la trama resulte atrayente y adictiva... ya quiero saber qué va a ser de Benny, jeje. Espero que actualices pronto.
    Gracias por compartir tu historia.
    Besos

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    1. Hola ana! si alguna bondad queda pero no mucha .... nuestros protas tendran que luchar contra muchas cosas malas para lograr sobrevivir en el nuevo mundo. me alegra que te este gustando *_* besos

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  8. Hola Saito, añoche leí este prólogo y el primer capítulo. Tengo que decirte, que tiene una fuerza narrativa impresionante. Me ha gustado mucho, describes un ambiente desolador pero con mucha riqueza descriptiva y me ha gustado como pocos. Estoy deseando leer lo siguiente. Muy bueno, en serio, para mí es lo que mejor he leído tuyo.

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    1. Hala paki! muchas gracias por esas palabras, casi me haces sentir un escritor de verdad, jajaja XD me alegra que te guste, yp me estoy divirtiendo mucho escribiendolo. nujijuj besukis

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  9. Hola Saito, niño que me ha encantado y concuerdo con Paqui en como has narrado ese mundo...quiero leer más , me encanto, besos

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    1. Hola Roxxx!! Muchas gracias por pasarte por aquºi, me alegra que te guste!!!

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  10. Hola Saito: Hasta hoy no he tenido tiempo de pararme a leer el comienzo de tu historia. Quería tener tiempo suficiente y no leerla deprisa y corriendo, y no enterándome de nada. El comienzo es impactante, y tienes el don de la oportunidad: una historia donde hay un virus cuando estamos en el punto álgido de la epidemia de gripe (aunque es bastante molesta, espero que no nos lancen bombas). No soy de leer historias por capítulos, pero este prólogo y primer capítulo me han resultado muy interesantes y estoy deseando conocer más de la historia. Besos y enhorabuena por tu trabajo.

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    1. Hola Astrid! Jajaja no creo que nos manden bombas por la gripe =O o eso espero!!
      A mi me gusta mucho ir colgando por capitulos, me da mas ganas de escribir porque se que la gente me empieza a demandar, jajajaja
      muchas gracias por estar ahi! Besos

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  11. Hola Saito! Me encanto mucho el prólogo y el capítulo. Esta historia esta super interesante nos engancha desde el principio hasta el fin. Muero de ganas por saber más de esta increíble historia.

    Besos y abrazos

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    1. Hola Ed! Muchas gracias!!! Gracias por leerme!

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  12. Hola, saito. me encanto el prólogo y el capitulo y estoy deseando que pongas otro capi. Ya que se ve muy interesante.
    Gracias por compartir.
    Besossssss

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    1. Hola Maria! ojalá te siga gustando la continuación! Muchas gracias por tu apoyo! Besos

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  13. Hola Sai, no he podido darme una vuleta por aquí antes y menuda sorpresa me he encontrado. Me ha gustado mucho este principio, se ve una historia muy interesante y que te engancha queriendo saber más acerca de los supervivientes y que les sucedera.Creo que va a ser una gran historia. Muchas gracias por compartir con nosotr@s tu trabajo.
    La nueva cabecera me encanta!!! Está genial.
    Besosss

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  14. Me parece que la historia va a estar genial, el prólogo y el primer capítulo me han encantado. Admiro tu capacidad para cambiar de registro dependiendo de la historia que estás contando, nos haces pasar de la risa al drama con una facilidad pasmosa.
    Felicidades y gracias por tus historias.
    Besos

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  15. Hola Saito, me está encantando esta historia con el capítulo que acabo de leer, es una distopía bastante elaborada y que me ha interesado, la leeré porque me ha encantado!! He conocido este blog hace poco, tus historias son fabulosas. Gracias por compartirlas! :D

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